Por: Carolina Del Valle Muñoz
Lic. en Comunicación Social
El debate sobre los límites de la escuela tradicional no es nuevo, pero se intensifica al observar alternativas que avanzan por fuera de las estructuras del Estado. Un mano a mano con Florencia Vallejos, creadora del proyecto “Educar desde el alma”, nos introduce en una reflexión sobre cómo aprenden las nuevas generaciones.
Educar desde el Alma es una comunidad que trabaja desde la idea central del Programa Sentir para Aprender, programa que define su metodología y lema que es que cada niño necesita estar bien emocionalmente para poder absorber los conocimientos.
En un rincón de un concurrido restaurante porteño, nos sentamos a charlar con la licenciada en Educación Inicial Florencia Vallejos, fundadora del proyecto Educar desde el Alma y del Jardín Luz del Alma. Su propuesta, centrada en la “pedagogía consciente”, la libre exploración y el respeto absoluto por los tiempos de la niñez, genera tanto fascinación como interrogantes en el sector académico.

—Florencia, ¿cómo se inicia la idea del proyecto Educar desde el Alma?
—He transitado veinticinco años como docente en escuelas públicas y, en un momento de mi vida, pude ver el rumbo que tenía que tomar. Fue cuando me enfermé y estuve en mi casa; allí tuve la posibilidad de leer mucho y de investigar sobre otras alternativas de enseñanza. Escribí y comencé a darle forma a lo que hoy es Educar desde el Alma. Además, uno de mis hijos estaba atravesando un momento difícil en la escuela, donde tampoco se sentía contenido. Cuando volví, sentí que no era la misma, porque me daba cuenta de que no encajaba en ese sistema. Así nació este proyecto, donde fusionamos pedagogías alternativas, muchas de ellas traídas de Europa, como Montessori —de Italia—, Reggio Emilia, Pikler, Waldorf y la pedagogía verde. De todas ellas saqué lo mejor y lo volqué en esta propuesta. Trabajamos desde una mirada respetuosa y consciente.
—Quisiera que me hables del jardín Luz del Alma.
—Bueno, está centrado en la primera infancia; aún no contamos con primaria. Es un espacio enfocado en lo emocional, con multiedad, que incluye al grupo “Nido”, de 0 a 3 años; “Sorprendizaje”, de 1 a 3 años —donde descubren cosas a través del sorprenderse, sin tener sobre el niño una dirección estricta, ya que todos somos maestros— y el grupo “Liberarte”, de 3 a 6 años. Hay una guía (o docente) cada siete u ocho chicos. Los niños aprenden a través del tacto: palpan, experimentan por sí mismos, tienen todo al alcance de la mano y dispuesto para que puedan explorar. Pies descalzos, contacto con la naturaleza, música, escenarios lúdicos, mesas lumínicas, juguetes diseñados con diferentes texturas y movimiento libre. A diferencia de un aula de escuela tradicional —cerrada, que se limita a un banco, un pizarrón y un maestro o maestra—, acá todo está en un ambiente preparado para que los niños conecten de manera directa con lo que van a aprender. Por ejemplo, los números están hechos en madera: los tocan, descubren su forma. Cada emoción es validada y tenida en cuenta. También trabajamos con niños con capacidades diferentes, quienes reciben atención integral. Creo que el régimen educativo actual está totalmente obsoleto y no cumple con lo que se necesita: la escucha, la empatía y la libertad que vienen a través del cambio hacia una educación consciente. Porque está comprobado que somos en un 85 % seres emocionales.
Florencia explica que no existen las materias o asignaturas como tales, ya que no trabajan con estructuras rígidas ni desde la imposición —como en las escuelas convencionales—, sino que se diseñan momentos en los que los chicos experimentan con la naturaleza y las emociones. Asimismo, las actividades son talleres de práctica libre y el aprendizaje se organiza en temáticas basadas en los intereses de los chicos, en las que la ciencia, la matemática y el arte conviven en una misma propuesta en lugar de estar divididas en bloques de 40 minutos.
—¿Dónde radica la rigurosidad de Educar desde el Alma, más allá de la apropiación de estas pedagogías europeas?
—Por supuesto que esta propuesta tiene un rigor y un fundamento que vienen de la neuroeducación y la neurociencia. Allí se entiende el cerebro del niño, que es el pilar que justifica el respeto por sus tiempos. Hoy se enseña bajo presión, con todo un aparato y una estructura que los obligan y no les permiten ser. Está demostrado que la educación emocional y el movimiento corporal son claves para el desarrollo cognitivo.
—Esta iniciativa no cuenta con la aprobación del Ministerio de Educación. ¿Qué impacto tiene para ustedes?
—Bueno, valoramos la autonomía pedagógica por sobre la burocracia estatal. Nosotros mantenemos nuestro enfoque desde Educar desde el Alma y así garantizamos el respeto real por los ritmos de la infancia.

—¿Cómo son las certificaciones o diplomas que emiten?
—Tenemos el respaldo de un marco internacional que valida los procesos de aprendizaje libre. Emitimos un título oficial internacional que, mediante un trámite, es validado en nuestro país.
—Esta es una iniciativa arancelada que no está al alcance de todas las familias. ¿Tienen algún objetivo frente a esto?
—Es un modelo que hoy en día es privado y hay que sostenerlo porque no contamos con subsidios oficiales ni aportes; se hace con el esfuerzo de las familias de la comunidad. Mi gran deseo es que en algún momento todo esto se logre hacer público.
—Para cerrar la charla, me gustaría que me comentes sobre el libro que presentaste en la Feria del Libro. Es un cuento infantil, ¿no?
—Exacto. Sí, el libro se llama Tengo el alma hecha colores, que es un recurso más, tanto para educadores como para familias, para abordar el tema de las emociones. A través del personaje del cuento, que se llama Gabriel, el libro busca ser un puente de educación consciente para demostrar que somos seres puramente emocionales.
El debate está abierto, Florencia Vallejos se despide con la convicción de que el cambio es inevitable. Educar desde el Alma se presenta como un refugio pedagógico, pero hay un sistema formal que aún no lo avala. Los interrogantes siguen, ¿Estamos ante la vanguardia que transformará las aulas del futuro o frente a una gran utopía accesible sólo para unos pocos? La respuesta la debemos buscar entre todos.


