Señoras y señores, directivos, docentes, familias, estudiantes, muy buenos días.
Por: Redacción enelAula

Hoy nos reúne una de esas fechas que todos creemos conocer. Sabemos que fue el 9 de julio de 1816, que la declaración se firmó en Tucumán y que un grupo de representantes decidió romper definitivamente los vínculos con la corona española. Lo aprendimos en la escuela, lo repetimos en los actos y lo transmitimos de generación en generación.
Pero quizás la pregunta más importante no sea qué ocurrió aquel día, sino qué significa hoy ser independientes.
Porque la independencia no fue el final de una historia. Fue el comienzo de una enorme responsabilidad. Desde aquel momento, ya no habría otro pueblo, otro rey ni otra potencia a quien culpar por nuestro destino. La libertad, como ocurre siempre, vino acompañada de una obligación mucho más exigente: hacernos cargo.
Doscientos diez años después, esa tarea sigue pendiente.
Vivimos tiempos en los que resulta sencillo responsabilizar a otros por aquello que no funciona. A veces son los gobiernos, otras veces la economía, la tecnología, las redes sociales o las nuevas generaciones. Siempre parece haber alguien más sobre quien descargar nuestras frustraciones.
Sin embargo, la independencia también consiste en dejar de esperar que otros hagan lo que nos corresponde.Y pocas instituciones representan mejor ese desafío que la escuela.
Porque educar no es fabricar respuestas automáticas. Es formar personas capaces de pensar con libertad, de distinguir entre una opinión y un argumento, de escuchar a quien piensa distinto y de asumir las consecuencias de sus decisiones. En definitiva, ciudadanos verdaderamente independientes.
Quizás por eso la escuela siga siendo uno de los lugares donde la independencia se construye todos los días. Cada vez que un docente despierta una pregunta en lugar de imponer una respuesta. Cada vez que una familia acompaña sin reemplazar. Cada vez que un estudiante descubre que aprender no consiste en repetir, sino en comprender.
La independencia no se hereda como una bandera que pasa de una generación a otra. Se conquista una y otra vez.
Se conquista cuando elegimos el diálogo antes que el agravio. Cuando privilegiamos el esfuerzo sobre el atajo. Cuando entendemos que la libertad no significa hacer cualquier cosa, sino actuar con responsabilidad.
Tal vez ese sea el verdadero homenaje que podemos hacerles a quienes firmaron aquella declaración de 1816.
No solamente recordarlos.
Sino preguntarnos si estamos construyendo un país donde las personas sean cada vez más libres para aprender, para trabajar, para crear, para convivir y para proyectar un futuro mejor.
Porque la independencia no pertenece al pasado.
Es una decisión que cada generación vuelve a tomar.
Y quizás la escuela sea el mejor lugar para empezar.
¡Feliz día de la Independencia!
Muchas gracias.


