Por: Mariana Califra
Lic. en Comunicación Social
Editado por Laleliloluz, un sello editorial de la ciudad de Campana, “Cuando las mujeres eran estrellas/ Taj p’ante atsinhai katetsel” es un libro infantil bilingüe español y wichi, seleccionado para integrar la colección internacional IBBY-UNESCO.

En el principio de los tiempos, las mujeres wichí no existían sobre la tierra. ¿Dónde estaban, entonces? / N’oyämet’ha, ifwalas p’ante-tso, atsinhai ta wichi ihit’a p’ante honhatena. Atsi p’ante ta thamil ihi ta tetso?
Así invita a adentrarse en la historia “Cuando las mujeres eran estrellas/ Taj p’ante atsinhai katetsel” un libro infantil bilingüe español y wichí seleccionado para integrar la colección IBBY – UNESCO de Libros Notables para Jóvenes Lectores de Lenguas Indígenas y en Peligro de Extinción, una colección internacional que celebra la diversidad lingüística y cultural de las infancias y que reúne 169 títulos de todo el planeta editado en más de 152 lenguas.
May Opicci, directora de la editorial Lalelilouz, nos cuenta acerca del proceso de gestación de este proyecto que significó un trabajo conjunto que vale la pena conocer. “A través de la Propuesta de Alfabetización MATEO conocimos a docentes que trabajaban con niñas y niños de comunidades wichí. A partir de ese vínculo apareció una necesidad muy concreta que los docentes venían observando y que nos movilizó mucho: contar con historias que los chicos pudieran leer también en su lengua materna y en las que pudieran reconocer algo de su propia cultura. Nos acercaron una leyenda wichí de fuerte tradición oral y eso hizo que el proceso no pudiera reducirse a traducir un texto. Había distintas versiones transmitidas de generación en generación y había que escuchar, reconstruir, escribir, volver a preguntar y volver a revisar”.
Soledad Viel Temperley trabajó la versión literaria; Osvaldo Segovia, docente y hablante de wichí, realizó la traducción y fue fundamental también para revisar sentidos y palabras en español; y Patricia López Latour desarrolló las ilustraciones, que fueron revisadas junto con integrantes de la comunidad para procurar que paisajes, personajes y detalles fueran respetuosos y reconocibles. El libro también incorpora audiolibros en las dos lenguas: Josefa Costa realizó la narración en wichí y Mónica Gómez, la versión en español.
La versión, la traducción y las ilustraciones fueron también validadas por docentes de la comunidad wichí de las provincias de Formosa, Salta y Chaco y el audiolibro, al que se accede a través de un código QR, contó con la colaboración del grupo SACHAN un coro de jóvenes de la comunidad wichí que prestó su música para acompañar la lectura.
Al preguntarle sobre el aporte y el impacto que el libro puede tener dentro del ámbito educativo, May señala que “hay algo especialmente potente cuando un niño o niña abre un libro y puede encontrarse ahí: en una palabra, en una lengua, en un paisaje, en una historia que quizá escuchó de su familia. De los 2.500 ejemplares de la primera edición, 1.000 fueron destinados a escuelas de comunidades wichí. Y empezaron a llegarnos fotos y videos de cosas que nosotros nunca habíamos imaginado cuando estábamos editándolo: las chicas y chicos hacían máscaras, disfraces, representaciones teatrales, trabajaban la historia en clase, lo usaban como parte de sus experiencias de alfabetización y después lo llevaban a sus casas”.
Además, el libro está pensado para que también pueda circular en otros espacios de mediación de lectura como bibliotecas, familias, clubes de lectura, espacios comunitarios, encuentros de narración, actividades interculturales.
Según datos de la UNESCO en el mundo se hablan cerca de 7000 lenguas, más del 40% actualmente se encuentran en peligro de extinción, principalmente las habladas por comunidades indígenas y minorías, lo que demuestra una profunda crisis en la diversidad lingüística. En un mundo dominado por la tecnología y sus imposiciones, las lenguas originarias pierden espacio vital y corren el riesgo de dejar de transmitirse entre generaciones.
“Las lenguas contienen historias, conocimientos, recuerdos y maneras particulares de comprender el mundo. Cuando dejan de hablarse, no desaparecen solamente palabras: puede desaparecer también una parte de esa memoria. Nosotros no pensamos que un libro pueda “salvar” una lengua. Sería pretencioso decir algo así. Las lenguas están vivas porque existen personas y comunidades que las hablan, las enseñan y las transmiten. Lo que sí puede hacer un libro es abrirle otro espacio de circulación: que un niño o niña la encuentre escrita, que alguien que nunca la escuchó descubra que existe y que una historia que nació en un territorio pueda encontrarse con lectores a miles de kilómetros de distancia”.
Haber sido seleccionados para integrar la Colección IBBY–UNESCO “Fue una enorme alegría y emoción, porque no es solamente que un libro nuestro llegue al mundo. Es una historia wichí, contada también en wichí, la que empieza a recorrer el mundo. Y eso cambia completamente el significado del reconocimiento.” señaló May.

Asimismo, agregó que “como editorial nos emociona muchísimo, pero no modifica el sentido original del proyecto. De hecho, hoy estamos trabajando en una nueva leyenda wichí que surgió nuevamente a partir de un pedido de los docentes y con el mismo equipo que participó en Cuando las mujeres eran estrellas. La pregunta que tratamos de hacernos siempre es mucho más sencilla: ¿Qué valor podemos aportar con esto que estamos haciendo? Y a veces la respuesta llega de una manera muy concreta: en la foto de un grupo de chicos con sus máscaras, representando una historia que leyeron en la escuela y que después llevaron mucho más lejos de lo que nosotros habíamos imaginado. En esos momentos entendemos para qué hacemos libros”.
En contra de la corriente de la globalización cultural, este trabajo invita a pensar las infancias desde su singularidad y territorio. “Creo que la primera contribución es algo muy sencillo y al mismo tiempo muy profundo: poder reconocerse. Durante muchos años, gran parte de los libros que llegaron a las infancias mostraron ciertos paisajes, ciertas familias y ciertas voces como si fueran las únicas posibles. Cuando una niña o un niño encuentra dentro de un libro una lengua que escucha en su casa, un relato que pertenece a su comunidad o un paisaje que reconoce, ese encuentro tiene un valor difícil de medir: por una vez, el libro no está hablando solamente de otros”, concluye May.


