Vidas breves de idiotas 

(2da entrega)

Por: Hernán Sassi
Doctor en Letras

Para Miguel Gianetti, director de orquesta, in memoriam

Como Musil y Charles Laugthon, aunque escribió más, Ermanno Cavazzoni es recordado por una obra, Vidas breves de idiotas (1994), compendio de viñetas, a cada cual más hilarante, con las que retrató a pirómanos y a monomaníacos, a melancólicos tiernos y a seres inclasificables como ese sobreviviente de un campo de concentración que agradecía la sopa diaria, el clima que le tocó en Mauthausen, y sobre todo, el no haber tenido que costearse el boleto de tren en su traslado.
Para este gran autor italiano, el idiota, reverso del pícaro, es una “especie de santo que padece y goza como los santos tradicionales”.
Quienes integramos la gran familia de la escuela no podemos no vernos identificados en algún rasgo de los personajes que componen la siguiente antología inspirada en esa pequeña gran obra de Cavazzoni.

III. Los guardianes de la fe

“Tanta es su respectiva perfección y el miedo que tienen de contaminarse…”.
Historias de cronopios y de famas de Julio Cortázar

Como el tango, el mesianismo te espera. Te ve flaco de convicciones o con la esperanza tambaleante, y te agarra fuerte y no te larga.
A comienzos de 2024, una centena de docentes asistimos a una reunión distrital en la Provincia de Buenos Aires. Sabían que naufraga el barco de la educación, sin embargo, las autoridades a cargo instaron a seguir remando como si el agua no estuviera al cuello: las mallas de contención no frenan la deserción en la secundaria; la migración a la educación privada, en todo nivel, continúa desde hace décadas, incluso con presupuesto educativo triplicado; el ánimo docente va de mal en peor, o cuanto menos, acompaña la abulia de un alumnado que no sabe por qué, o más bien para qué, va al colegio; y el voto de confianza que depositaban madres y padres en la educación pública parece haberse esfumado para siempre. El agua está al cuello.
La misma convicción tuvieron quienes organizaron, en el mismo año, otra reunión de este tipo, pero en la capital del país. A los docentes los convocaba una reforma profunda que se les dio a conocer in situ. Aunque parte de los asistentes mostraron rechazo, sin escucharlos, al finalizar los responsables abandonaron la sala tan confiados como habían entrado y la reforma terminó implementándose, ni más ni menos que como la que, ideada también desde escritorios, entró en vigencia, en 2025, en secundarios e institutos superiores en la provincia de Buenos Aires.

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Haber hecho las primeras armas en Franja Morada, en un organismo de derechos humanos, en la fundación de una multinacional, una universidad privada o una organización comunitaria, es indistinto. Que hayan ganado credenciales de especialistas en el exterior, La Plata, en la UBA o en FLACSO, también. Los guardianes de la fe en la educación están en todos los distritos y no los distingue que apunten a la eficacia y a la “educación por competencias” ni que tengan por Norte a la “inclusión con calidad”.
Como si el crío fuera un odre que se llena con conocimientos útiles y renovables, a diestra, instan a “aprender a aprender” para un mercado laboral “cambiante”, que no es otra cosa que darwiniano. Desde antes del auge de la inteligencia artificial, los obsesiona esa quimera: estar siempre preparados para lo nuevo. En un mundo cada vez más desconectado de la vida real y más perdido en la virtual, proponen entrenar a pibes y pibas para el “sálvese quién pueda” de la timba. Incorporar Economía financiera en el secundario no va en otro sentido. A siniestra no están mejor rumbeados. Dicen educar para un país industrial del que nos alejan desde que fijaron por objetivos de la educación “acompañar”, “sostener”, “cuidar” y “contener”, mandamientos de la salita de primeros auxilios en que transformaron a la escuela.
A ambos, los entretienen temarios, informes, planificaciones, boletines y cuadernos de comunicación. Todo lo que cuadricule el fluir de lo vivo les calma una angustia, que no es otra que la de los papis y las mamis a quienes realmente sirven y temen. No los sostiene ninguna idea fuerza o utopía, sino una fe inquebrantable.
Unamuno fue un gran maestro. Olvidado como tantos, un día enseñó que “fe que no duda es fe muerta”. A los guardianes de la fe en la educación nada los hace dudar, ni de las cifras que demuestran que, en los últimos años, Brasil logró mejores resultados en educación que Argentina; ni de informes hechos por organismos afines como la UNIPE, ni de quienes dan marcha atrás en política educativa y bien podrían servir de modelo, como Francia, que volvió al dictado y a la ejercitación de la memoria, anteayer abandonados. No los hace dudar tampoco que incontables escuelas rurales, sin alharaca y con la convicción de tener claro qué es educar y para qué dedicarse a hacerlo toda la vida, hagan un papel mucho más digno que aquellas sujetas a las modas pedagógicas de estos guardianes también de vida gris como las lloronas. Y mucho menos dudan de un giro algorítmico que muta la especie sin que tirios ni troyanos tomen nota de que ya impactó en el aula y mal.
Los guardianes de la fe no admiran a nadie ni buscan ser modelo de nada. Por eso confían en que el docente es sólo un “facilitador”. Con fe de fanáticos, a derecha, descansan en el credo en boga, las neurociencias (y confían en que “la clave del progreso de nuestro país está en el cerebro argentino y en la manera de conectarlos unos con otros”); y a lo que otrora fue de izquierda, lo hacen en frases hechas de manuales de autoayuda (como “es progresista el que elige el derecho contra quienes optan por la mercantilización del conocimiento y de la cultura”).
El nihilismo posmoderno, contratara de la fe a quien temo y debo, barre con todo fundamento. De ahí que hoy se crea sin miedo. “Elijo creer, ¿total?, ¿qué pierdo?”, parece decir quien no tiene nadie en quién confiar y a quién temer ni nada por sagrado. Esta nueva fe sin fe, una fe nihilista sin “angustia mítica”, según la definía Nicolás Casullo, es el motor inmóvil de quienes dirigen políticas educativas desde los 80 a esta parte.
La fe posmoderna es un manotazo de ahogado, un sostén ante la “muerte de los grandes relatos”, entre otros, el de la escuela como nave insignia de una nación. Esta forma de fe es un modo falso de creer en algo (eficacia o inclusión, igual da) cuando todo se desmorona. Gianni Vattimo condensó en una frase esta religión sin misterio ni promesa: “Creer que se cree”. Eso es lo que hacen quienes realmente ya no creen al modo del cristianismo apocalíptico-trágico, dice Vattimo, y lo hacen de un modo “débil” y secular que este pensador italiano celebraba con orgullo.
Como los famas de Cortázar, los guardianes de la fe en la educación no se contaminan con nadie, menos con docentes, estudiantes y familias que creen en serio y no se dejan llevar por esta fe falopa. Como buenos cronopios, hay también quienes, “pobres de verdad, pero no de voluntad, […] espera[mos] circunstancias favorables [y nos] guarda[mos] de no parecer[nos] a los famas”, a esos fanáticos a quienes les tenemos, además de miedo, lástima.
El desafío es volver a creer en algo en serio, en algo serio. Por décadas la escuela se sostuvo gracias a la creencia en alguien y en algo que nos hacía crecer, transformarnos, ser distintos a lo que éramos al entrar a un aula. Parafraseando mal al finado Hamlet, en salir algún día de esa fe posmoderna está “la cuestión”, no solo dentro de la escuela, desde ya.

Hernán Sassi: es docente y crítico de cine. Es Prof. y Doc. en Letras (UBA),
Mag. en Comunicación y Cultura (UBA). Actualmente ejerce la docencia en
institutos de formación docente de zona Sur del Conurbano Bonaerense.
Como autor, publicó Hoteles. Estudio crítico (2007), Cambiemos o la banalidad del bien (2019),
La invención de la literatura. Una historia del cine (2021) y P3RRON3. EL CORSARIO (2023).
Prologó Escritos corsarios de P. P. Pasolini (2022) y estuvo a cargo de El nuevo cine murió (2021),
libro de entrevistas a directores/as del cine argentino.
El artículo publicado en dos secciones corresponde a Pasar el fuego.
Educar en el Apocalipsis zombie, libro aún no publicado.

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