Leer ya no alcanza: qué dicen las nuevas pruebas PISA sobre la comprensión lectora

Por: Redacción enelAula

En el Día Internacional de la Alfabetización, los resultados de PISA 2025 volvieron a poner la lectura en el centro de la discusión educativa. El retroceso es mundial y Argentina no escapa a esa tendencia: el 59% de los estudiantes de 15 años no alcanzó el nivel mínimo de desempeño en Lectura. ¿Qué significa realmente comprender un texto en una época atravesada por las pantallas, la información fragmentada y la inmediatez?

Ayer, 8 de septiembre, se celebró el Día Internacional de la Alfabetización y se conocieron los resultados de una nueva edición de las pruebas PISA (Programa para la Evaluación Internacional de los Estudiantes), la evaluación internacional coordinada por la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos) que busca conocer qué pueden hacer los estudiantes de 15 años con los conocimientos y habilidades que adquirieron durante su trayectoria educativa.
La coincidencia de ambas fechas resultó significativa. En 2026, el Día Internacional de la Alfabetización cumplió 60 años y la UNESCO (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura) propuso reflexionar sobre los desafíos persistentes y emergentes de la alfabetización en un mundo en rápida transformación.
PISA no funciona como un examen escolar tradicional. No busca determinar cuánto recuerda un estudiante de los contenidos enseñados en una materia, sino evaluar en qué medida puede utilizar sus conocimientos y habilidades para enfrentarse a situaciones nuevas.
Las pruebas se realizan cada tres años y evalúan tres grandes áreas: Lectura, Matemática y Ciencias. En PISA 2025, Ciencias fue el área principal, aunque también se evaluaron Lectura y Matemática y, por primera vez, se incorporó una evaluación sobre aprendizaje y resolución de problemas en el mundo digital. Participaron más de 760.000 estudiantes de 91 países y economías, que representan aproximadamente a 33 millones de jóvenes de 15 años.
En Lectura, PISA no evalúa simplemente si un adolescente puede leer palabras y oraciones. También analiza si puede comprender información, relacionar diferentes partes de un texto, interpretar, evaluar lo que lee y reflexionar sobre su contenido. Por eso, cuando un estudiante no alcanza determinado nivel de desempeño, no significa que «no sepa leer», sino que presenta dificultades para resolver las tareas de comprensión correspondientes a ese nivel.

pisa 2025 9.9

Los resultados de 2025 muestran un retroceso importante a nivel internacional. En los países de la OCDE, el promedio en Lectura alcanzó su nivel más bajo desde que existen registros comparables. Entre 2015 y 2025, cayó 28 puntos, una disminución que la propia organización estima equivalente a alrededor de un año y medio de aprendizaje.
El fenómeno tampoco comenzó necesariamente con la pandemia. La OCDE señala que en numerosos países el debilitamiento del desempeño ya había comenzado antes de la COVID-19, lo que apunta a desafíos más profundos y persistentes de los sistemas educativos.
Entre los datos que aparecen en el informe hay uno especialmente llamativo: el crecimiento de lo que se denomina «lectura apresurada», estudiantes que leen rápidamente, pero responden de manera incorrecta. Esta conducta casi se duplicó entre 2018 y 2025, hasta alcanzar el 9%.
El dato no permite establecer por sí solo una relación directa con el uso de teléfonos celulares, redes sociales o inteligencia artificial. Pero sí plantea una pregunta sobre la manera en que los adolescentes se relacionan actualmente con la información: cuánto leen, cómo leen y, sobre todo, cuánto tiempo dedican a detenerse frente a aquello que están leyendo.
El retroceso no se limita a la Lectura. En Argentina, los resultados de PISA 2025 también fueron inferiores a los de 2022 en Matemática y Ciencias. El país obtuvo 367 puntos en Matemática, 393 en Ciencias y 389 en Lectura. En las tres áreas, además, el desempeño quedó por debajo del registrado en 2018. La proporción de estudiantes que no alcanza el nivel 2 también aumentó durante ese período: siete puntos porcentuales en Matemática, siete en Lectura y seis en Ciencias.
La pregunta importa porque la comprensión lectora atraviesa prácticamente todas las áreas del aprendizaje. Comprender una consigna de Matemática, interpretar una fuente histórica, seguir una explicación científica, distinguir información relevante o evaluar si una afirmación está respaldada por evidencia también requiere comprender lo que se lee.
Por eso, el desafío no se reduce a saber si los adolescentes leen muchos o pocos libros. Es más amplio: qué pueden hacer con aquello que leen.
En Argentina, los resultados siguen la tendencia general, aunque parten de un desempeño inferior al promedio de la OCDE. En Lectura, el país obtuvo 389 puntos, frente a los 461 puntos de promedio de la OCDE. El resultado representa una caída de 12 puntos respecto de PISA 2022, cuando había alcanzado 401 puntos.
El dato más significativo aparece al observar los niveles de desempeño: el 59% de los estudiantes argentinos quedó por debajo del nivel 2 de Lectura, considerado el nivel mínimo de referencia en la evaluación. En 2022 había sido el 55%.
En el otro extremo, apenas el 1% alcanzó los niveles 5 o 6, los más altos de la escala. Argentina quedó en el puesto 62 entre los 91 sistemas educativos participantes y en el octavo lugar entre los países latinoamericanos que participaron de la evaluación.
Estos números son preocupantes, pero necesitan ser leídos con cuidado. Decir que seis de cada diez adolescentes argentinos «no saben leer» sería una interpretación incorrecta. Esos estudiantes leen; lo que muestran las pruebas es que no alcanzan el nivel de desempeño que PISA considera básico para las tareas de comprensión que propone.
La precisión importa porque un dato educativo complejo puede convertirse fácilmente en una etiqueta sobre los estudiantes. Y los resultados de PISA tampoco ofrecen por sí mismos una explicación única ni permiten señalar a un único responsable. Hay factores sociales, educativos, económicos, culturales y tecnológicos que forman parte de una realidad mucho más compleja.
Quizás el valor de estos resultados no esté solamente en establecer una posición en una tabla, sino en utilizarlos para formular mejores preguntas. ¿Qué significa hoy leer? ¿Qué diferencia existe entre leer rápidamente y comprender? ¿Cómo se enseña a relacionar información, interpretar un texto o cuestionar aquello que se presenta como verdadero?
Son preguntas que exceden a una prueba internacional y que tampoco tienen una respuesta sencilla.
El Día Internacional de la Alfabetización recuerda que aprender a leer y escribir continúa siendo un derecho fundamental. Los resultados de PISA agregan otra dimensión: en una sociedad en la que la información está disponible prácticamente en todo momento, saber leer también implica poder comprenderla, analizarla y pensar a partir de ella.
Los datos están sobre la mesa. No ofrecen una solución inmediata ni permiten repartir culpas. Sí pueden servir para detenerse, mirar lo que está ocurriendo y escuchar a quienes trabajan todos los días con la lectura y la enseñanza.
Si tenemos más información que nunca al alcance de la mano, ¿estamos aprendiendo también a detenernos el tiempo suficiente para comprenderla?

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