Por: Carolina Del Valle Muñoz
Lic.en Comunicación Social
Desde Macachín, flamante Capital del Cooperativismo en La Pampa, el festival “Tierra de Sabores” se presenta como un modelo cooperativo y un puente cultural y de gestión, aplicable a cualquier rincón del país. En el Aula dialogó con Claudio Marrón, Gerente General de COSMA (Cooperativa de Obras y Servicios Públicos) sobre este festival gastronómico que embandera las culturas vascas, italianas y españolas. Un caso de éxito pedagógico y social.

–¿Cómo nace el surgimiento de este evento “Tierra de Sabores” y por qué su nombre?
Esto nace porque ya hace más de quince años que venimos organizando congresos de cooperativas aquí, dándole un espacio a la gastronomía, y ahí percibimos el gran interés que hay sobre el tema. A partir de ese momento decidimos independizarlo y crear “Tierra de sabores”. Su nombre surge porque tenemos en nuestra localidad una importante producción de materia prima de alta calidad, una industria salinera también muy abocada hoy en día a las especias, entonces decidimos hacer esta simbiosis de tierra y sabor que caracteriza a nuestro territorio, en un intento de crear un espacio sensorial donde la persona no solo viene y disfruta la calidad gastronómica de los chefs locales, sino que traemos algunas figuras de perfil nacional e internacional con poder de convocatoria para compartir saberes, despertar iniciativas, ideas, estimular la creatividad. Un evento que pretende también visibilizar los productos y las marcas que tenemos dentro de la localidad. Por aquello de que “nadie es profeta en su tierra”, la misma comunidad a veces desconoce la diversidad de productos y actividades que desarrollan las empresas locales. Nosotros, a diferencia de otros lugares, no tenemos la fiesta de o el evento tal y nos parecía que esta era una linda posibilidad de explorarlo como una alternativa.
-Más allá de lo gastronómico, el encuentro se destaca por su fuerte impronta social, ¿cuáles son los ejes que definen esta propuesta?
Contamos con música, diversión, alegría, estética, creatividad y color en un evento que también queremos que sea inclusivo no solo desde lo físico, sino que en el escenario tengamos la posibilidad de mostrar al taller protegido Centro Sol Pampa para jóvenes con discapacidad que tiene la localidad. Siendo una exhibición gastronómica, queremos que sea un evento sustentable. ¿Y cómo lo hacemos? Bueno, toda la vajilla que se va a usar está hecha con materiales orgánicos, las pulseras de acceso contienen semillas, las cuales al terminar el evento las vamos a poder plantar, y van a nacer alimentos comestibles, entonces es todo un meta mensaje hacia el visitante. Se contempla como un evento único en su tipo para lo habitual que se viene desarrollando en nuestra región, disruptivo se podría decir.
-¿Cómo se amalgama la cultura vasca, tan predominante en la comunidad, con la esencia de lo regional?
En Macachín, además de la cultura vasca, hubo también una corriente muy potente que fue la italiana, y vamos a tratar de visibilizar cocina italiana, española, vasca, y ese sincretismo de diferentes cocinas, es muy lindo porque hay una excelente convivencia interinstitucional entre las colectividades, es una sociedad con altos niveles de concordia social; muy proactiva, muy comprometida con el desarrollo de sí misma, muy generosa. Entonces eso facilita trabajar sobre esta comunidad e impulsa y es un placer. Somos tres cooperativas y un grupo: la Cooperativa Atreucó, la Cooperativa de Obras y Servicios Públicos, la Cooperativa Escolar y el grupo de Mujeres Cooperativistas que desarrollan el Taller Sol Pampa. Hace poquito nos declararon Capital provincial del Cooperativismo y eso es una caricia al alma, pero también implica responsabilidad como para ir por más. Duplica la necesidad de nuestro esfuerzo. Tenemos que estar a la altura del nombre.
-¿Qué implica para los chefs locales estar al lado de cocineros de tanta envergadura?
Una experiencia estimulante. A nivel local hay excelentes productos de chacinados y por cuestiones bromatológicas y burocráticas, lamentablemente no pueden estar presentes y vamos a traer gente de afuera que va a tratar de estimular y a mostrar que ellos en algún momento a partir de la producción primaria lograron avanzar a la producción industrial; es decir, un salto cualitativo muy interesante como también vamos a tener en materia cárnica una experiencia totalmente novedosa en la Argentina que es el sommelier de carne, teniendo la presencia de gente que nos va a enseñar a ilustrar en la degustación de carne, de vinos pampeanos y así una saga bastante importante de productos.
-Siendo esta la segunda edición del festival, ¿este sería un lugar de encuentro para la comunidad?
¡Sí, totalmente! Aquí se dejan de lado barreras, si es que existieran algunas, de carácter social, político o personal; es decir, se comparten las mesas, la música, los bailes, no solamente aparecen personalidades y números artísticos que se contratan, que se mechan con expresiones culturales locales. Van las familias, los abuelos, los adolescentes, los jóvenes, ¡es decir que es transversal a todas las generaciones!
–¿Qué impacto provoca a nivel institucional el desarrollo de este evento?
Es de gran impacto, nos acompaña la Municipalidad, que es muy importante y en las instituciones también, por ejemplo, la Asociación Unión Vasca nos cede generosamente sus instalaciones para que se desarrolle, provoca una gran interacción, es un evento que tiene un potencial muy grande con un trabajo que se hace con cada uno en su “expertise”.
-¿Qué se pretende dejar sembrado en la comunidad con esta iniciativa?
Sabemos que a partir de la primera edición han intentado replicarse eventos similares, el mostrar marcas, productos o emprendimientos desconocidos para muchos, capitalizar consejos y experiencias de la gente que trabaja en el rubro, de personalidades que han venido a dar disertaciones, capacitaciones, clases, la conciencia de lo ambiental, la conciencia de lo inclusivo que creemos que va a ser parte del legado que va a dejar esta celebración. Tenemos una integrante del equipo de trabajo que está muy comprometida con esto y que habla de la despapelización de los eventos, creo que también deja eso en la conciencia de la propia ciudadanía macachinense del potencial creativo que tienen, entonces tenemos que empezar a ponernos en valor a nosotros mismos. El desafío es poder seguir y hacer feliz a las personas. Con que hagamos feliz a una persona, y sin dudas que serán varias, pero ya con una habremos cumplido nuestra misión.
El desafío, como señala Claudio Marrón, es seguir alimentando lo emocional. En un mundo que a menudo empuja al individualismo, estos proyectos siembran certeza de que el arraigo y la felicidad colectiva se construyen así: compartiendo la mesa, honrando las raíces y trabajando a la par.




