Por: Mariana Califra

En la provincia de Buenos Aires se promulgó la Ley 15.556 que establece la capacitación obligatoria, gratuita y con puntaje para todo el personal educativo sobre trastorno del espectro autista (TEA), neurodiversidades y diversidades cognitivas estableciendo como objetivo capacitar, sensibilizar y concientizar sobre discapacidad.
El proyecto fue impulsado por el senador provincial Emanuel Santalla y aprobado con el voto unánime de todos los bloques de la Cámara de Diputados.
Docentes con una mirada inclusiva, que comprendan la complejidad y singularidad en la enseñanza, reconozcan el valor de la diversidad y tengan herramientas reales de educación inclusiva es el reclamo histórico de las familias y esta ley, el resultado de su lucha.
Karina Castagnola mamá de una hija con autismo y referente de Familias TEA de Quilmes y Gabriel Goldesten, papá de un niño con autismo e integrante de esta organización, nos cuentan cómo transitan las familias el sistema educativo, cómo se impulso este proyecto de ley y que esperan a partir de su sanción.
P: ¿Qué motivó la necesidad de comenzar a reclamar una ley?
G: Comenzaron a aparecer muchos casos en las aulas de chicos con diferentes dificultades: que necesitan otros tipos de asistencia, que se los trate de otra manera, que aprenden distinto. Los profesores empezaron a darse cuenta que no sabían cómo manejarlos, sufrían ellos, los chicos y las familias porque había un desencuentro.
Así comenzó a surgir la necesidad de pedir a los colegios que se capaciten, hoy en día puede llegar a haber tres o cuatro chicos con acompañantes terapéuticos en las aulas.
P: ¿Cómo se logro el encuentro con los diputados para pensar este proyecto?
G: Nosotros estamos organizados porque los centros donde nuestros hijos hacen las terapias suelen estar comunicados entre ellos y esa organización hace más fácil llegar a algún diputado. Ellos también pueden tener un familiar con neurodivergencia y empiezan a involucrarse.
Lo celebramos, porque una de las cosas que me paso cuando mi hijo empezó el jardín fue que el primer día de clases tuve que hablar con los papas y decirles, mi hijo no es malo, ni es maleducado, ni a mí no me importa mi hijo, tiene esto, hacemos todo esto y si ustedes nos ayudan va a ser más fácil y si no va a ser más difícil, pero es lo que me tocó y sobre esto voy a trabajar.
K: A nosotros nos convocó el equipo del senador Santalla, les contamos las necesidades, que es un reclamo histórico, que tenemos una ley general de autismo que habla de la capacitación obligatoria para docentes, pero que nunca se había reglamentado.
Entonces necesitamos para empezar una ley aparte, tener normativa que obligue a los docentes, directivos y auxiliares a capacitarse en perspectiva de TEA y neurodiversidades, porque tenemos una ley que habla de educación inclusiva y recibe a los chicos en las escuelas, pero los docentes no tienen herramientas. De eso se trata, darles herramientas, generar sensibilización, concientización.
Es importante también que, al trabajar con nosotros que somos una organización de familias que trabaja hace muchos años en la temática, pedimos ser parte de esas capacitaciones y hay un artículo que refiere específicamente a eso, quedando habilitadas las organizaciones sin fines de lucro para poder aportar también.
P: ¿Qué es lo que garantiza esta nueva ley para sus hijos?
K: Garantiza la educación inclusiva de calidad, porque hasta ahora lo que teníamos es integración, que no es lo mismo que inclusión. Integración es abrirle las puertas a un chico en una escuela, se le permite ingresar, pero después no tienen las herramientas para acompañarlo en el proceso de aprendizaje y quedan excluidos dentro de la misma escuela.
Esa será la gran diferencia, al tener herramientas van a tener que incluirlos realmente porque van a saber trabajar en las diferentes necesidades que tienen como personas con discapacidad.
Saber cómo acompañar cuando hay un alumno que requiere del apoyo de un acompañante terapéutico, que necesitan adaptaciones curriculares, que no pueden ser evaluados en las mismas condiciones que los demás. Esos son los apoyos necesarios de los que habla la Convención Internacional de los Derechos de las Personas con Discapacidad, que los conozcan, que los tengan en cuenta y que trabajen en ese sentido.
Queremos que nuestros hijos puedan educarse, aprender, tengan certificaciones de estudio y el día de mañana puedan trabajar e ingresar al mercado laboral. Puede parecer algo sencillo para cualquier otra familia, lo que sueña cualquier madre, y que a nosotros tanto nos cuesta.
P: ¿Como ven ustedes hoy la realidad en las escuelas con respecto a la inclusión?
K: Esta ley se va a aplicar en la provincia de Buenos Aires, pero estamos trabajando como organización para replicarla en otras provincias hasta que logremos tener una ley nacional, se necesitan herramientas para todos, no es justo que tengamos capacitaciones para docentes solo en la provincia de Buenos Aires.
Las escuelas están cada vez más expulsivas, están pidiendo la permanencia de los chicos en 4° grado por no estar alfabetizados y la realidad es que hay muchos alumnos a los que se los promueve sin estar alfabetizados, adjudicándoselo a la pandemia y a otras situaciones. Pero cuando hay un alumno que tiene certificado de discapacidad, en vez de apoyarlo o darle más oportunidades, le exigen la permanencia o que pasen a modalidad especial.
No es un capricho de la familia, primero lo marca la Convención y segundo que vemos como con los apoyos necesarios, obviamente a otro ritmo, ellos logran los mismos objetivos que el resto.
P: ¿Cuáles son las limitaciones que ustedes encuentran en las escuelas, cuando sus hijos necesitan de apoyos y no hay herramientas para garantizarlos?
K: La primera barrera que tienen las personas con autismo son actitudinales por parte de los docentes que dicen: “No sé, no puedo, no entiendo, no me preparé para esto”. Nosotros damos capacitaciones en los institutos de formación porque sabemos que no se trabaja en perspectiva de discapacidad, que no los forman y esta ley también la pedían muchos de ellos, hicimos capacitaciones y se llenaba el teatro municipal de docentes.
Sin embargo, leemos comentarios que dicen: “Si yo hubiese querido trabajar con discapacidad hubiera estudiando para maestra especial” o “¿Porque tengo que trabajar con personas con discapacidad?”. Entonces ¿Cuál es el problema? el problema es que no tienen ganas ni quieren trabajar con la diversidad.
No son todos, nos encontramos con docentes muy comprometidos que vienen a nuestra sede a buscar herramientas, información, las aplican y nos muestran, así los alumnos tienen garantizado el aprendizaje con los apoyos necesario y adaptaciones. Pero también hay otros que lamentablemente son operarios de la educación, que van a trabajar para cobrar y que quieren darle a todos lo mismo y esos son los expulsivos. Muchas veces depende también de la cabeza de la institución, si el directivo está dispuesto o no a tener una escuela inclusiva.
No puede ser que un docente hoy no sepa diferenciar entre una crisis sensorial y una crisis conductual, tal vez el sonido de un timbre desregula a un chico o una crisis conductual cuando quiere algo y no sabe cómo pedirlo, pero lo que hacen generalmente es llamar a la madre para que lo vaya a buscar y se lo lleve a la casa.
Otra cosa importante que está pasando son las reducciones horarias que tienen los alumnos con discapacidad, en vez de ir cuatro horas a la escuela van solo una, agravado porque no se aumenta el nomenclador nacional y los acompañantes terapéuticos no están yendo todos los días. Cuando el acompañante falta, muchas escuelas no dejan entrar al alumno y eso está prohibido por ley.
P: ¿Qué es lo que ustedes esperan que pase a partir de esta ley, que sueñan para sus hijos?
G: Yo espero que se capaciten y que en la escuela lo reciban como lo tienen que recibir, que les respetan sus tiempos, sus momentos y también creo que hay que trabajar muchos con las familias de los compañeros, no solo con las maestras.
K: Totalmente, de hecho, nosotros en las escuelas de Quilmes hacemos charlas orientadas a la comunidad e invitamos a las demás familias. Porque también es lógico como piensan, ellos cuando iban a la escuela no iban con personas con discapacidad entonces piensan que las personas con discapacidad tienen que ir a una escuela especial. Hay que deconstruir esas viejas miradas dándoles información.
G: A mí por ejemplo me encantaría ver a mi hijo en la bandera, y nunca va a ser abanderado con la modalidad vieja.
K: Nosotros en nuestro grupo de Quilmes tenemos a más de mil familias y vi un montón de chicos abanderados que se los premia por el esfuerzo también, porque si no es puro capacitismo. Es emocionantes verlos ahí reconociéndoles el esfuerzo que hacen todos los días.


