Por: Carolina Del Valle Muñoz.
Lic. en Comunicación Social.
Hubo un tiempo en que el conocimiento se construía a través del silencio, las páginas impresas y la guía del docente en el aula. Hoy esa arquitectura tradicional cruje ante la irrupción de las inteligencias artificiales, capaces de resolver investigaciones, lecturas y todo tipo de información.
Cabe preguntarse: ¿Cómo se aprende y se organiza el aula cuando las respuestas están a un clic de distancia? Para entender hacia dónde va ese cambio cultural, nos reunimos con el doctor en Comunicación y director en Tecnología Educativa del Ministerio de Educación de la Pcia. de Bs As, Santiago Albarracín, quien nos propone una mirada profunda, crítica y sin alarmismos sobre el futuro de la educación digital.
¿Cual es el mayor riesgo ético que tiene hoy en día en la educación el algoritmo de la IA?
Uno de los mayores riesgos que tiene la adopción de la IA es que es inevitable, por un lado. Estamos trabajando en lo que son los lineamientos que nos permitan poder sacar lo mejor de este avance tecnológico cuidando a los estudiantes. Y con respecto a los riesgos uno de ellos es el extractivismo de datos. Al estar cargando información a los inputs de la IA, estamos delegando y transfiriendo a estos centros de procesamiento mucha información sensible nuestra. No tenemos acceso a esa nube, no sabemos qué pasa y cómo esa herramienta es resignificada.
¿Cómo crees que se puede frenar este desborde de información?
Hay iniciativas de crear centros de procesamiento informacional propios, pero hay que ver que suerte tienen porque yo creo que las grandes empresas que acopian información son incluso más poderosas que los gobiernos actuales, entonces el Estado ha ido quedando en desventaja sin darse cuenta. Sí tenemos que trabajar en el desarrollo de sistemas propios de la información de nuestros habitantes, de nuestros ciudadanos, estudiantes, docentes y cada uno de los participantes del sistema educativo provincial que pueda estar a resguardo y a su vez puedan sacar provecho los actores de las herramientas de procesamiento.
¿Crees que viene a resolver las cuestiones centrales de investigación que los alumnos demandan?
Creo que sí. Creo que no hay que renegar de la tecnología, que es una tendencia que se instaló y ya pasó de ser tendencia ser una realidad concreta, y creo que en la ecuación costo-beneficio toda innovación tecnológica sirve. Hoy la educación del soberano, del ciudadano, pasa por una educación para la convivencia en el entorno digital. Muchos sistemas, me consta que están trabajando en la construcción de un ciudadano que pueda ser capaz de tener discernimiento en estas situaciones. En particular, estoy escribiendo un artículo que versa justamente en los desafíos que implica la enseñanza de la historia en este ecosistema digital en el que vivimos. Hoy en día las fuentes informacionales son muchísimas más que los manuales que teníamos antes pero el hecho de que haya un acceso más variado, no significa que la información que se pueda construir sea mejor sobre todo porque hay una lógica del tiempo que ha cambiado. Todo se está haciendo a mayor velocidad y eso conspira contra la calidad de lo que se construye con esa información. Aquí las instituciones educativas tienen el trabajo de desacelerar esa dinámica y crear otras dimensiones de trabajo. Por ejemplo, en la contrastación de fuentes.
¿Qué pasa con la creatividad de los alumnos en la era de la IA?
Entiendo que es una marca temporal, estamos atravesando los primeros estertores de la era, de a poco nos vamos acomodando a un nuevo estatuto tecnológico. El desafío educativo pasa en cómo seguir enseñando en un contexto que va mutando a gran velocidad.
¿El conocimiento queda ensamblado con la incorporación de la IA o la institución educativa pierde exclusividad?
Una de las conclusiones de mi tesis doctoral, que versa sobre este diálogo entre las agencias que contribuyen a crear conocimiento es que los estudiantes toman de la universidad muchas cosas que les sirven y ahí es exclusiva la universidad que no tiene competencia en dos aspectos: uno es la certificación del título universitario y otra es la valoración social que tiene el título. Los estudiantes además articulan saberes que salen de varias agencias: foros, plataformas interacción con otros estudiantes.
¿Cómo afecta al universo de la lectura la intervención de la IA?
Sé que las escuelas están haciendo un esfuerzo muy valioso por sostener el espacio de la lectura y va más allá de la plataforma que se use o el soporte. No está mal que se lea en dispositivos en tanto y en cuanto se lea más.
¿Cómo ves la universidad en unos años con todos estos cambios que se están generando?
Ahora está en un proceso de ver de qué manera se le saca el mayor provecho a la tecnología y me parece muy bien. También fortaleciendo la capacidad de los estudiantes de poder navegar en esto. La universidad puede ser además de una entidad dedicada a producir profesionales, una entidad que participa de los debates que una sociedad da. Debe verse como que está para mejorar los sistemas productivos. La IA es un desafío no sólo para el aula, sino para la producción. Creo que un escenario más esperanzador para la educación va a ser producto de la lucha. El máximo desafío lo veo ahí.
La verdadera victoria educativa será rescatar el sentido del saber y mejorarlo construyendo un valor agregado. Acorde a lo que señala Santiago Albarracín, la universidad y la escuela tienen por delante la tarea histórica de no ser meras espectadoras tecnológicas sino las arquitectas de un pensamiento crítico, ético y humano. El desafío ya empezó.


