Por: Mariana Califra
Lic. Comunicación Social
¿Qué importancia se le da al arte dentro de la enseñanza escolar en Argentina? ¿Las políticas educativas y las representaciones sociales establecen que las materias pedagógicas tradicionales son más importantes que las artísticas? ¿Aún existe la presuposición de que la educación artística prepara ciudadanos menos formados para el futuro?

Las sucesivas reformas en el sistema educativo argentino han introducido el arte en los planes de estudios. La Ley de Educación Nacional, sancionada en el año 2006, incorporó la Educación Artística como una de las ocho modalidades del sistema educativo, siendo contenido obligatorio desde el nivel primario hasta el secundario y estableciendo una nueva concepción pedagógica donde el arte dejó de ser considerado como un pasatiempo o una actividad solamente expresiva y pasó a tener políticas concretas en los procesos de aprendizaje.
Sin embargo, en educación primaria y en el ciclo básico del nivel secundario, las materias de formación general, como matemáticas, lengua, ciencias sociales y naturales, duplican o triplican la carga horaria de las asignaturas artísticas. Esta relación recién se equipará en los últimos años, cuando la orientación exclusiva del plan de estudios otorga mayor relevancia al arte.
Los resultados PISA 2025 arrojaron cifras alarmantes, con un descenso histórico en matemáticas, lengua y ciencias, que obligan a preguntarse y repensar qué está pasando con el aprendizaje y con el sistema educativo en un mundo que se transforma a ritmos y dimensiones imprevisibles. La caída no es un fenómeno local, sino un proceso global donde los problemas de atención que generan la pantalla son clave para pensar esta problemática y donde especialistas e incluso gobiernos están alertando que la utilización de la IA en los contenidos pedagógicos está convirtiendo el aprendizaje en delegación cognitiva.
A nivel local resulta fundamental también correlacionar la prueba PISA con los resultados de los últimos informes —entre ellos, el de UNICEF— que determinó que el 42,2 % de los niños y niñas en Argentina viven en hogares pobres. Y, en este punto, el sistema educativo resulta insuficiente e impotente, porque solo las políticas de Estado que garanticen trabajo digno a todas las familias pueden revertir esta situación.
En este contexto hiperdigitalizado, ¿qué rol puede jugar la educación artística? ¿Qué hay del cuerpo, por fuera de las pantallas, en los procesos de aprendizaje?
Emiliano Samar, docente, investigador y director de Artes Escénicas, reflexiona en una nota publicada por el diario Página/12: “Ninguna base de datos guarda el temblor de una voz que se anima por primera vez a decir un texto en voz alta frente a otros”. La imagen profundamente humana que nos proporciona esta frase permite poner en valor la importancia individual y colectiva que hay en la corporalidad y el encuentro con los otros en el recorrido de la enseñanza y el aprendizaje.
Y el arte es siempre una experiencia social compartida y puede explorar, profundizar y rescatar allí donde los contenidos pedagógicos de pupitre no llegan. La observación; la resolución de problemas a través de la creatividad; la expresión de sentimientos y de problemáticas individuales que habilita la danza, el teatro, la música, la pintura, el trabajo en equipo; los lazos de compañerismo y solidaridad que se necesitan para que el proceso creativo llegue a un resultado; el valor del proceso y no la inmediatez del resultado es un conjunto de vivencias y aprendizajes que ningún algoritmo puede reemplazar.
En este sentido, la ciudad de Rosario inauguró la primera escuela secundaria de teatro de la provincia, con una propuesta educativa innovadora que combina el bachillerato tradicional con materias artísticas y con una política institucional de resistencia: los estudiantes tienen que dejar sus celulares al ingresar al establecimiento y los recuperan al finalizar la jornada.
El director del establecimiento, Pablo Tendela, resaltó que esta medida al principio fue difícil, pero que los alumnos se adaptaron enseguida y que, de hecho, la socialización y el vínculo entre ellos creció considerablemente. “Ni bien los corrimos, encontramos una escuela con más vida, más habitada”, remarcó.
En tiempos donde la salud mental de la población estudiantil está en alerta máxima, con tasas sin precedentes de ansiedad, depresión y desconexión, junto con una alarmante caída en los niveles de comprensión y lectoescritura, tal vez sea momento de empezar a pensar el arte dentro de las escuelas no como el espacio de menos valor pedagógico o un mero pasatiempo, sino como la herramienta fundamental que permita transformar el aula en un refugio emocional y un motor de pensamiento crítico, devolviendo a los jóvenes el entusiasmo por aprender.




