Por: Redacción enelAula
En un contexto en el que las pantallas ocupan cada vez más espacio en la vida de niños y adolescentes, el teatro se presenta como un territorio para imaginar, crear, escuchar y encontrarse con otros. Desde esa convicción, Magalí Ventimiglia, actriz y profesora de teatro egresada de la Escuela de Teatro de La Plata, reflexiona sobre el papel del docente como quien acompaña, habilita la creatividad y confía en el potencial expresivo de cada estudiante. En esta entrevista comparte su experiencia en las aulas, analiza los desafíos de enseñar teatro en la actualidad y reivindica el valor del juego, el cuerpo y la imaginación como herramientas fundamentales para el aprendizaje y el desarrollo emocional.

¿Qué puede expresar un chico arriba de un escenario que muchas veces no logra decir en el aula o en su casa?
Al principio de las clases aparecen escenas explícitas de violencia: asaltos, choques, como si hubiera una necesidad de sacar afuera lo literal para poder adentrarse en un mundo interior. Creo que expresan sus deseos, sus frustraciones, lo que les gusta y lo que no. Tenemos que aprender a ver un poco más allá de la literalidad, de la que muchas veces no pueden salir al representar.
Existen muchas infancias que no son escuchadas, no solo en lo que dicen, sino también en lo que sienten. La clase de teatro se convierte en un refugio, en un lugar seguro donde, de a poco, se sueltan y logran compartir sus mundos interiores.
En una escuela atravesada por pantallas y sobreestimulación, ¿el teatro se volvió un espacio de resistencia emocional?
Me parece que en la primaria sí: es un espacio donde se escucha, pero de verdad; donde verse y compartir las vivencias de quienes nos rodean se vuelve un pilar de contención, de no sentirse solo. Creo que eso es lo que generan las pantallas: soledad y angustia por la inmediatez.En secundaria es un poco más difícil, pero no imposible. Las adolescencias están atravesadas completamente por la vida funcional del celular. Muchas veces sucede que, no en las escenas en sí que representan, sino en las devoluciones que hacen sobre lo que ven, suelen proteger emocionalmente a sus compañeros y compañeras, tanto como a sí mismos. Ya sea por identificación o por contraposición con lo que se plantea en escena.
¿Sentís que las nuevas infancias tienen más dificultades para imaginar, jugar y sostener la atención?
Creo que las infancias no tienen tantas dificultades para imaginar y jugar, porque tienen una mayor plasticidad mental y, aun con pantallas, pueden sumergirse en el juego y utilizar su imaginación sin problemas. Quizás les lleva un poco más de tiempo entrar en esa dinámica.
Ahora bien, en cuanto a sostener la atención, estoy notando que los períodos de concentración y, más aún, de atención plena han bajado muchísimo. Los estímulos externos para mantenerse en el juego deben ser mayores.
Esta situación la relaciono directamente con el uso indiscriminado y casi sin control de pantallas, donde los estímulos son continuos y de muy corto plazo, haciendo que los tiempos de atención disminuyan.
¿Qué señales ves en los chicos que muestran cómo la tecnología está cambiando la forma de vincularse y expresarse?
Puedo observar que el lenguaje se ha acotado bastante y se simplifica, además de adoptar acentos o formas de expresión de personajes o personas.
En cuanto a lo vincular, genera cohesión entre personas que tienen consumos digitales similares. No creo que esto sea algo nuevo; simplemente cambió el medio por el cual se consume información.
Pero sí creo que existen determinados grupos que están solos: no se comunican con el resto de su entorno si no es por medio de la tecnología. Por ejemplo, amigos que están en la misma habitación y, en vez de hablar, se mandan un mensaje de texto.
Algo que sí me preocupa es que noto irascibilidad, cambios de humor constantes y angustias profundas tanto en infancias como en adolescentes.
También observo que adoptan nuevos formatos para comunicarse, similares a los que ofrecen las redes sociales y los videojuegos.
¿Qué implica hoy sostener una clase de teatro en la escuela pública bonaerense en medio de tantas demandas sociales y emocionales?
Es complicado. Las infancias y adolescencias muestran una malnutrición que no solo afecta su rendimiento cognitivo y físico, sino que también aumenta la frustración por no poder lograr metas o alcanzar objetivos en las clases.También observo que la demanda está puesta en la escucha de lo que les pasa. He terminado clases conversando y reflexionando sobre situaciones familiares o del barrio, ya que estos temas surgen en los diferentes trabajos que realizamos.
Creo que las y los docentes debemos, en este momento, revisar nuestra propia salud mental y física, ya que es una sobrecarga intentar estar disponibles para nuestros estudiantes constantemente.Nuestro rol va más allá de compartir y enseñar contenidos; en teatro trabajamos con las emociones y la responsabilidad es significativa.
Por esto creo que el espacio de teatro, donde pueden dejar el mundo real por un rato y dejarse llevar por la imaginación, explorar, investigar e imaginar mundos posibles, es indispensable en este mundo donde ponerse en el lugar del otro parece cada vez más difícil.
¿Creés que el sistema educativo todavía entiende el valor real de las materias artísticas o siguen siendo consideradas “secundarias”?
Creo que aún son consideradas secundarias o que no se les da el valor que merecen. Los distintos lenguajes artísticos son utilizados para los actos o para mostrar algo en algún evento, sin importar cómo se llega a ese material o cuáles fueron las estrategias o contenidos utilizados para que suceda.
Asimismo, me parece que quienes nos desempeñamos en estas materias no siempre sabemos cómo defenderlas o, aun sabiendo cómo hacerlo, muchas veces preferimos no hacerlo para no generar conflicto.Además, está la cantidad de cursos que tenemos que tomar para poder subsistir, lo cual no nos permite involucrarnos de la forma en que nos gustaría con cada curso.
Todavía existen equipos directivos que piden alguna “obrita” para fechas importantes, argumentando:“Si total la arman enseguida, no es tan difícil”.Es complicado cuando el sistema solo pide productos sin importar cómo se llega a ellos, sin valorar el proceso, que es lo que importa al fin y al cabo.
¿Te encontraste con chicos que lograron hablar de sus emociones recién cuando actuaron un personaje?
Me he encontrado con todo tipo de situaciones. Algunos podían expresarse cuando actuaban o cuando veían actuar a sus compañeras y compañeros.
Nunca se sabe cuándo una persona logra significar una vivencia y ponerla en palabras; los tiempos son distintos para cada quien.A veces sucede a partir de un juego de preparación física. Las emociones en las infancias y en los preadolescentes son muy físicas y necesitan de una guía para poder reconocerlas y ponerlas en palabras.
¿Qué cosas aparecen en una clase de teatro que muchas veces la escuela tradicional no llega a ver?
En las clases de teatro se exploran diferentes capacidades y se ponen en juego distintas estrategias para resolver situaciones problemáticas. Se investigan mundos posibles y cómo posicionarse frente a ellos.
Creo que la escuela tradicional sigue etiquetando a las infancias y a las adolescencias. No considero que sea una problemática aislada del cuerpo docente, aunque este no se encuentra fuera del problema y, en algunos casos, contribuye a que se siga fomentando esa catalogación.
Quizás un estudiante que en las clases de teatro trabaja excelente, en matemática no tiene el mismo desempeño o su conducta es muy diferente en uno u otro espacio.
¿La escuela está preparada para educar chicos que crecieron en la inmediatez de TikTok, YouTube y la inteligencia artificial?
Para nada. Muchas y muchos docentes hacemos un esfuerzo enorme para poder estar a la altura de las demandas de nuestras y nuestros estudiantes.
El tiempo de atención de las chicas y chicos dura lo que dura un reel: 18 segundos, y es muy trabajoso sostener una clase si esta no está pensada desde los tiempos de atención actuales, buscando estrategias para ampliar esos períodos.
Hay estrategias que funcionan y otras que no, pero muchas veces las orientaciones didácticas no favorecen ni la demanda del estudiantado ni el trabajo docente, porque, al fin de cuentas, en el aula estamos solas y solos.
¿Qué pierde una infancia cuando desaparecen el juego libre, el aburrimiento y la imaginación?
Pierde la posibilidad de potenciar la creatividad, la resolución de problemas, la capacidad de posicionarse frente a la vida, de vivir el presente y anclarse en él, el descubrimiento del cuerpo y su lugar en el espacio, la motricidad, la capacidad de maravillarse y el disfrute de lograr algo después de esperar por ello.
Podría seguir enumerando, pero sí tengo claro que es imprescindible para un desarrollo adecuado jugar libremente, aburrirse e imaginar.
Después de tantos años trabajando con chicos, ¿qué sentís que la infancia viene a enseñarle hoy a los adultos?
La infancia y la adolescencia vienen a enseñarnos a las y los adultos una lección fundamental y, a la vez, algo incómoda: la urgencia de habitar el presente y de reconectar con nuestra propia vulnerabilidad.
Los chicos y chicas, con su plasticidad mental y su capacidad innata para el juego, nos muestran que, a pesar del ruido tecnológico, el deseo de conexión genuina sigue intacto.
Sin embargo, sus cambios de humor y sus angustias profundas también son un espejo que refleja nuestras propias contradicciones como adultos: estamos tan inmersos en la inmediatez, el multitasking y la sobreestimulación que hemos delegado en las pantallas parte de la función de vincularnos.Lo que la infancia nos enseña es que no se puede educar ni acompañar desde la prisa. Nos piden, a través de sus demandas emocionales y su necesidad de ser escuchados de verdad, que revisemos nuestra propia salud mental y recuperemos el valor de la pausa, el aburrimiento y la escucha activa.
Nos muestran que el adulto que necesitan no es aquel que tiene todas las respuestas, sino aquel que está dispuesto a sentarse a mirarlos, a jugar con ellos y a sostener sus mundos interiores sin juzgarlos.
En pocas palabras, nos enseñan que para acompañarlos primero debemos aprender a estar presentes nosotros mismos.
Si tuvieras que defender en una sola frase por qué el teatro debería ser esencial en la escuela, ¿qué dirías?
El teatro en la escuela es el espacio donde el cuerpo y la emoción importan más que el resultado; donde los chicos pueden equivocarse sin ser etiquetados y donde, finalmente, se sienten menos solos.


