Por: Viviana Fulleringer
@vivifulleringer
El autor
Ramón Tarruella nació en Quilmes en 1973 y actualmente vive en La Plata. Es profesor de Historia, fundador e integrante de la editorial Mil Botellas y autor de distintos libros de ensayo y ficción, entre ellos Mitos y leyendas de La Plata (2007), Balbuceos en noviembre (2008), Asunción no es París (2018) y Allá arriba la ciudad (2008) entre otras obras.
IG @ramon.tarruella

Su trabajo como docente inspiró a Ramón Tarruella a contar las ocho historias de La tribu de mi calle (Editorial Los Lápices 2024), que se entrelazan y comparten un escenario platense que bien puede representar muchos espacios de la escuela argentina. Un bachillerato para adultos es el lugar elegido por el autor para que sus personajes persigan sueños, atravesados por el deseo de aprender y de mejorar sus vidas.
El libro inicia con el cuento “Pequeño Larousse Ilustrado” en el que una chica atiende los consejos de su profesora de Lengua para practicar ortografía y se dedica a leer todo lo que encuentra. Y claro, hay palabras que no conoce y las busca en el diccionario. Y se va adentrando en la historia de un otro misterioso a través de un diario íntimo que alguien olvidó en la habitación del hotel donde ella realiza tareas de limpieza.
Luego vendrán otras historias, como “El lujo es vulgaridad” (en clara referencia a los Redonditos de Ricota), en donde Tarruella traduce en lenguaje literario todo lo que puede provocar una frase escrita en la pared del baño de una escuela, con múltiples interpretaciones que evocan justamente el poder de la palabra.
Y otro de los cuentos: “Causa o consecuencia” está escrito en formato de respuestas a un examen de historia argentina y su originalidad radica justamente en cómo el lector se introduce en ese registro (un examen) y de pronto la estructura se rompe para convertirse en otra cosa.
Aunque cada cuento tiene su propia forma narrativa, conforme se avanza en la lectura, el escritor nos sorprende con la forma y casi sin darnos cuenta, nos pasea por las vidas, los deseos y los obstáculos de personajes que se conocen entre sí, comparten aula, barrios, se aman, se ignoran o se tienen miedo. Para conocer la trastienda de la construcción del libro, enelAula conversó con el autor, que es escritor, editor y profesor de historia, con un amplio recorrido en la educación pública de la provincia de Buenos Aires.
P – ¿Cómo pensaste la estructura de este libro?
RT – La idea fue armar algo original con propuestas narrativas diferentes en cada caso, en cada cuento. Pensé en un libro situado en un bachillerato para adultos, en La Plata, cuando ya tenía pensado que los personajes empezaran a dialogar entre uno y otro cuento, bueno, un poco esa idea del universo narrativo que construí en el libro y que después dio lugar a que cada cuento tenga una propuesta narrativa diferente, algo que surgió una vez que ya tenía armado el libro.
Yo había escrito dos cuentos que, de alguna manera, tenían relación entre sí: “Causas y consecuencias” y otro que había escrito en forma paralela, separada. Y me di cuenta que los personajes dialogaban entre sí, que de alguna manera tenían un mismo escenario. Y en ese momento se me ocurrió la idea del libro.
P – ¿Qué te motivó a escribir ficción desde la docencia?
La diversidad de experiencias y de edades que hay en un curso de bachillerato para adultos. Yo dí clases varios años en bachillerato de adultos y también en la escuela donde está situada el libro, que es “El Vergara”, ubicado en 4 y 35, de la ciudad de La Plata. Ese es el escenario del libro. Di clases ahí y en otro bachillerato de adultos en Quilmes. Siempre me sorprendió eso: había pibes de 18 años con la intención de terminar el secundario en poco tiempo y después había gente jubilada. Gente muy grande con la intención de terminar el secundario. Siempre recuerdo a una señora que se sentaba adelante y tenía una cartuchera, una regla y subrayaba todo. Me acuerdo de ese curso de historia argentina, de una clase sobre la época de Rosas, y ella anotaba y subrayaba, una dedicación hermosa. Una vez le pregunté ¿por qué había decidido terminar el secundario? Y me dijo que era una promesa que le había hecho a su nieta, que su nieta recién había empezado la secundaria y su promesa había sido que ella iba a terminarla. Creo que en este caso no tenía tanto que ver con el ascenso social o con una cuestión de progreso (esa cosa tan arraigada en nuestra identidad) sino más que nada con esa cuestión de terminar un ciclo, ¿no? Como una especie de cierre de la vida o de una parte de la vida.
En esos cursos hay de todo, me acuerdo de muchos remiseros (en los cuentos aparecen). Recuerdo a un pibe que me había pedido entrar más tarde, porque tenía, todos los miércoles un viaje a Ezeiza. Todo ese universo me parece interesante, esa mixtura cultural de voces, de personajes, de colores, de aromas. Eso en el libro está trabajado
P – ¿Qué te interesa de la docencia para tu trabajo como escritor?
La docencia siempre me pareció un lugar de construcción de ficciones. Desde el rol de docente, uno se pone en ese rol de saber, de entender, de ofrecer respuestas. Es como una especie de postura, después salís de ahí y sos amigo, jugador de fútbol, pareja, escritor, ¿no? Entonces, en ese momento hay como una especie de postura actoral que, de alguna manera, te permite hablar como lo hace un docente. Y en esa situación siempre hubo algo que a mí me interesó en la docencia, que justamente es eso, ¿no? Ese vínculo que hay ahí, y también, la postura que hay del otro lado, permite una relación dialéctica muy interesante.
Y de todas estas historias de “La tribu de mi calle” no hay ninguna que me haya ocurrido a mí directamente. La ficción tiene un recorrido propio que, alguna manera, exige también, una autonomía, exige salirse de la realidad, ¿no? La realidad quizás sea como una materia prima. El producto manufacturado es la ficción, digamos, hablando en términos histórico-económicos.
P – ¿Cómo germinaron los primeros cuentos?
Sobre el cuento “Causas y consecuencias”: la idea surgió cuando una alumna me entrega el examen y escribe abajo: “Profe, estuve muy mal…” y me hace todo un comentario de su situación personal. Tenía una cuestión física y me lo cuenta en el examen. Esta alumna me dice por qué no había podido estudiar bien. Cuando lo empiezo a leer, por supuesto, no sabía cómo terminaba, porque había arrancado bien y me llamó la atención eso, ¿no? Y es un poco lo que pasa en ese cuento, ¿no? A partir de eso se me ocurrió esa idea, de que un alumno o alumna se comunique a partir del examen. Una forma de comunicación por fuera de la convencional.
Y el cuento “El lujo es vulgaridad” se me ocurrió un día que entré al baño de secundaria y ví frases escritas, como para ejemplificar esto de la experiencia y la ficción, y para pensar cómo los espacios dan también lugar a la escritura.


